¿Puede Europa alcanzar los 50 grados? Lo que dicen los expertos sobre el calor extremo que se avecina

Las olas de calor ya no son una excepción en Europa, y la gran pregunta ahora es si el continente puede llegar a registrar 50 ºC y qué condiciones lo harían posible

Los valores de más de 40 ºC se están volviendo muy habituales en varios países del sur de Europa.
Los valores de más de 40 ºC se están volviendo muy habituales en varios países del sur de Europa.

Hace apenas dos décadas superar los 40 ºC en ciudades europeas como París, Londres o Hamburgo parecía un escenario de ficción, reservado a las regiones del sur de Europa, pero hoy esos valores ya forman parte de la realidad climática del viejo continente.

Y la pregunta que empieza a plantearse toda la comunidad científica ya no es si Europa seguirá calentándose, sino hasta dónde puede llegar ese calentamiento.¿Ya es posible alcanzar los 50 ºC en Europa? Viendo el panorama, no se puede descartar que en algunas regiones del sur puedan registrarse mas pronto que tarde.

Europa ya juega en otra liga climática

El continente europeo se calienta aproximadamente el doble de rápido que la media mundial, algo que está modificando tanto la frecuencia como la intensidad de las olas de calor.

En los últimos años se han alcanzado cifras récord que hasta hace poco parecían muy difíciles de superar, como los 41,7 ºC que se registraron en la localidad alemana de Coschen o los casi 38 ºC de Lingwood, Strumpshaw Hill, en Reino Unido en el pasado mes de junio.

El pasado mes de junio fue el más cálido desde que hay registros, con una temperatura media de 20,7 ºC, más de 3 ºC por encima del promedio del periodo 1991-2020, según el observatorio climático de la Unión Europea, Copernicus.

¿Qué tendría que ocurrir para llegar a los 50 ºC?

Aunque se han rondando en España o Italia, sería necesaria la combinación de varios aspectos. En primer lugar una potente dorsal debería instalarse durante varios días sobre la Península Ibérica o el Mediterráneo occidental, comprimiendo el aire y favoreciendo al intenso calentamiento.

A ello habría que añadirle la llegada de una masa de aire extremadamente cálida procedente del norte de África, cielos completamente despejados y el factor diferencial de un suelo extremadamente seco tras semanas sin precipitaciones.

Precisamente esto último está adquiriendo cada vez más importancia porque cuando el terreno pierde humedad, gran parte de la energía solar deja de emplearse en evaporar agua y pasa directamente a calentar el aire, elevando aún más las temperaturas máximas.

Siracusa, en la isla italiana de Sicilia, ostenta el récord oficial de temperatura máxima de Europa, con una máxima de 48,8 °C registrada el 11 de agosto de 2021. Además de los factores anteriores, se le añadió un marcado efecto foehn, un elemento que ayudaría a que en algún sitio del sur de Europa puedan llegar de forma puntual a esa barrera de los 50 ºC.

España aparece entre las zonas con mayor riesgo

Dentro de Europa, la Península Ibérica figura entre las regiones donde las probabilidades de acercarse a los 50 ºC son mayores. Especialmente en puntos como zonas del valle del Guadalquivir, el Guadiana o interior del sureste peninsular, donde ya se han registrado máximas de más de 47 ºC.

Los modelos climáticos indican que, si el calentamiento global continúa avanzando durante las próximas décadas, estos valores podrían dejar de ser completamente excepcionales hacia la segunda mitad de siglo.

El verdadero problema no son solo las máximas

Las olas de calor actuales son más largas, comienzan antes y vienen acompañadas de noches extremadamente cálidas, y que son cada vez más frecuentes.

Este aumento nocturno incrementa el riesgo para la salud, especialmente entre personas mayores, niños y pacientes con enfermedades crónicas.

La adaptación ya no es una opción

Las proyecciones climáticas no apuntan únicamente a temperaturas máximas más elevadas, sino también a una mayor frecuencia de episodios extremos.

Por este motivo, numerosas ciudades europeas ya están comenzando a prepararse, como por ejemplo Barcelona, donde está implementando planes y proyectos para simular cómo responderían sus infraestructuras y servicios esenciales ante un verano con temperaturas cercanas a los 50 ºC.