El pasado secreto del Éufrates: el río que nació de dos cursos de agua que desembocaban en un mar Mediterráneo desértico

De los desiertos de sal al Creciente Fértil: unos científicos relevan el largo, cambiante y milenario recorrido del río Éufrates, cuna de la civilización humana.

Al principio, las aguas del río desembocaban en el mar Mediterráneo, en una época en la que este era un enorme desierto salino.
Al principio, las aguas del río desembocaban en el mar Mediterráneo, en una época en la que este era un enorme desierto salino.

El misterio geológico que rodeaba la formación y la evolución del río Éufrates, uno de los cursos de agua más emblemáticos de la historia de la humanidad. La investigación reveló que este gran río de Mesopotamia surgió de la fusión de dos antiguos sistemas fluviales independientes, impulsada por una combinación de fuerzas tectónicas y dinámicas climáticas que tuvieron lugar hace millones de años.

Los dos ríos precursores

Según la reconstrucción geológica obtenida, hace unos 5,4 millones de años el Éufrates no existía como el río único y continuo que conocemos hoy en día.

En su lugar, existían dos sistemas fluviales totalmente distintos en la región que hoy abarca Turquía y Siria: el Paleo-Karasu (situado más al norte) y el Paleo-Murat (situado más al sur).

Sorprendentemente, las simulaciones por ordenador y los datos geológicos indican que estos dos antiguos ríos transportaban un volumen colosal de agua dulce y sedimentos, cuyo total combinado superaba el caudal actual del Nilo, el Tigris y el propio Éufrates moderno juntos.

La desembocadura en un mar Mediterráneo que era un desierto

Uno de los hallazgos más sorprendentes del estudio tiene que ver con el destino inicial de todas estas aguas. En lugar de fluir hacia el Golfo Pérsico, como lo hacen en la actualidad, el Paleo-Karasu y el Paleo-Murat desembocaban en la cuenca del Mediterráneo oriental.

La configuración actual del Éufrates se debe al "choque" de cuatro placas tectónicas, que modificaron el relieve de Turquía y Siria.
La configuración actual del Éufrates se debe al "choque" de cuatro placas tectónicas, que modificaron el relieve de Turquía y Siria.

Este periodo coincidió con la famosa "crisis salina del Messiniense", una época geológica en la que el Mediterráneo quedó temporalmente aislado del océano Atlántico debido a bloqueos tectónicos y se evaporó casi por completo, transformándose en un gigantesco desierto de sal.

Los dos ríos ancestrales desempeñaron, así, un papel fundamental al depositar enormes volúmenes de sedimentos sobre estas gruesas capas salinas.

La fuerza de la tectónica de placas y la fusión de los cursos fluviales

La transición hacia la configuración actual del río comenzó a perfilarse debido a la intensa actividad tectónica en la zona de colisión de cuatro placas tectónicas de la región, incluidas las fallas activas de la cordillera del Tauro.

Hace unos 3,6 millones de años, el progresivo levantamiento del terreno y los terremotos modificaron el relieve, lo que obligó al Paleo-Murat a desviar su curso hacia el sur y el sureste, alejándolo del Mediterráneo.

Unos 800 000 años después (hace aproximadamente 2,8 millones de años), el Paleo-Karasu sufrió un cambio de curso similar. Una vez liberadas de la antigua cuenca, las dos corrientes convergieron y se unieron en una única red hidrográfica interconectada.

La consolidación del Creciente Fértil

Este largo proceso de reorganización culminó con la consolidación definitiva del río Éufrates hace aproximadamente 1,6 millones de años. A partir de ese momento, el río comenzó a discurrir a lo largo de unos 2.800 kilómetros en dirección a la placa Árabe, trazando el curso que hoy atraviesa Turquía, Siria e Irak hasta desembocar en el golfo Pérsico.

El Éufrates estabilizó su curso hace 1,6 millones de años, allanando el camino para la futura cuna de la humanidad.
El Éufrates estabilizó su curso hace 1,6 millones de años, allanando el camino para la futura cuna de la humanidad.

Para reconstruir este escenario a largo plazo, se analizaron mapas geológicos terrestres y se utilizaron datos de reflexión sísmica de alta resolución para examinar los sedimentos enterrados en las profundidades del subsuelo, cruzándolos con modelos digitales de transporte sedimentario.

Este avance científico llena un vacío histórico considerable y demuestra cómo las dinámicas profundas de la Tierra esculpieron el paisaje que, mucho más tarde, serviría de base para el desarrollo del Creciente Fértil y de las primeras grandes civilizaciones humanas.

Referencia de la noticia:

Seidel, J.V., Parmentier, V., Prinoth, B. et al. Magnetic field strengths of hot giant exoplanets consistent with Solar System values. Nat Astron (2026). https://doi.org/10.1038/s41550-026-02870-1