Expertos del CSIC descubren un ‘mundo recién nacido’ en el volcán de La Palma que servirá para buscar vida en Marte

Cinco años después de la erupción del volcán Tajogaite, los científicos han identificado en La Palma un laboratorio natural único donde estudiar cómo surge la vida en ambientes extremos similares a Marte

La erupción del Tajogaite cambió el paisaje de esta zona de La Palma a finales de 2021.
La erupción del Tajogaite cambió el paisaje de esta zona de La Palma a finales de 2021.

En el año 2021, la erupción del Tajogaite, el nuevo volcán de la Cumbre Vieja, cambió para siempre el paisaje de la isla de La Palma. Lo que durante semanas fue un escenario de película con ríos de lava, explosiones y columnas de ceniza se ha convertido ahora en uno de los lugares más sorprendentes para la investigación científica.

Ahora, un equipo internacional de investigadores dirigido por expertas y expertos adscritos al CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) han comenzado a estudiar los ecosistemas que están apareciendo sobre los materiales volcánicos. El objetivo es comprender cómo la vida coloniza territorios nuevos, y utilizar ese conocimiento para futuras misiones de exploración planetaria.

La búsqueda de vida en Marte pasa por La Palma

Los expertos que han participado en el estudio describen este entorno como un auténtico "mundo recién nacido", donde cada organismo que logra establecerse aporta pistas sobre los mecanismos biológicos que permiten la supervivencia en condiciones extremas.

Los nuevos campos volcánicos de La Palma permiten probar tecnologías, métodos de muestreo y estrategias de análisis que podrían emplearse en futuras exploraciones de Marte, por ejemplo.

De hecho, muchos de los procesos geológicos observados en la isla canaria presentan similitudes con los paisajes volcánicos marcianos, lo que convierte a este enclave en un auténtico banco de pruebas para la astrobiología.

Un paisaje que recuerda al planeta rojo

Las coladas volcánicas recientes presentan características que las convierten en un excelente análogo terrestre del planeta rojo. Debido a las altas temperaturas iniciales, la ausencia de suelo desarrollado, la escasez de nutrientes y las condiciones químicas hostiles, hace que tenga una similitud clara con algunos de los ambientes marcianos estudiados por las sondas espaciales.

Marte tiene un paisaje que se caracteriza por su desolación, amplitud y color. Imagen que recrea el planeta rojo a partir de una fotografía de las Cañadas del Teide.
Marte tiene un paisaje que se caracteriza por su desolación, amplitud y color. Imagen que recrea el planeta rojo a partir de una fotografía de las Cañadas del Teide.

Por este motivo, los científicos consideran que La Palma ofrece una oportunidad excepcional para observar, en tiempo real, los primeros pasos de la colonización biológica de un territorio recién creado.

Las investigaciones se centran especialmente en microorganismos capaces de sobrevivir en condiciones extremas, conocidos como extremófilos. Estos seres vivos podrían proporcionar información clave sobre los tipos de organismos que podrían existir o haber existido en Marte.

Una ventana al pasado de la Tierra

Además de ayudar a los estudios científicos, la erupción tan reciente del volcán en el año 2021 permite reconstruir cómo pudo desarrollarse la vida en la Tierra tras grandes eventos geológicos.

Por ejemplo, hace miles de millones de años, nuestro planeta estaba dominado por volcanismo intenso y condiciones muy diferentes a las actuales, por lo que comprender cómo los microorganismos son capaces de colonizar superficies volcánicas recientes ayuda a entender mejor los orígenes de los ecosistemas terrestres.

Estos estudios ofrecen una oportunidad única para analizar la adaptabilidad y la capacidad de resiliencia de estos entorno tan hostiles.

Referencia de la noticia

Miller, A.Z., Gutierrez-Patricio, S., Gázquez, F. et al. Stochastic seeding and environmental stressors as dual drivers of pioneer microbial colonization in newly formed basaltic lava tubes. Environmental Microbiome 21, 60 (2026). https://doi.org/10.1186/s40793-026-00874-y