Para detener el calentamiento global, los oceanógrafos vierten una sustancia química en el mar
Los océanos se están volviendo cada vez más ácidos, lo que afecta su capacidad para absorber CO2 y mantenerlo almacenado. ¿Funcionará a largo plazo la intervención humana para aumentar su alcalinidad?

En agosto del año pasado, oceanógrafos pasaron cuatro días vertiendo 65.000 litros de una sustancia química en el Golfo de Maine, en la costa este de Norteamérica. Marcado con un tinte rojo, el ejercicio tiñó las aguas de un color granate, pero es probable que responda a la pregunta de si se podría detener el calentamiento global de esta manera.
El producto químico utilizado en el experimento es hidróxido de sodio, y forma parte de un método denominado mejora de la alcalinidad oceánica (OAE). No difiere mucho del encalado, utilizado por los agricultores griegos hace más de 2000 años para reducir la acidez de sus campos. Más recientemente, los países escandinavos utilizaron cal para reducir la acidez de sus ríos tras las lluvias ácidas, lo que revirtió el declive de las poblaciones de peces.
¿Por qué trabajar en los océanos?
El océano es naturalmente alcalino y contiene más de 38.000 toneladas de carbono en forma de bicarbonatos. Sin embargo, la acidificación también reduce la capacidad del océano para absorber carbono, lo que provoca su acumulación en la atmósfera y el aumento de las temperaturas globales.
El experimento en el Golfo de Maine es uno de los primeros a gran escala, aunque fue bastante pequeño en comparación con el tamaño de los océanos del planeta.
A 80 kilómetros de la costa de Massachusetts, los investigadores arrojaron el producto químico al mar y luego rastrearon su dispersión utilizando planeadores autónomos, vehículos submarinos autónomos de largo alcance y sensores a bordo.
¿Funciona la OAE?
Al rastrear el tinte rojo en el océano, los investigadores midieron hasta 10 toneladas de carbono adicional en el agua, mientras que el pH (una medida de acidez/alcalinidad) aumentó de 7,9 a 8,3, lo que marca un retorno de la alcalinidad del océano a los niveles preindustriales.
Igualmente importante, los investigadores también monitorearon la salud de pequeñas criaturas como el plancton, la langosta y las larvas de peces, y descubrieron que no les afectaba. El estudio, realizado con la aprobación de la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU., no examinó el impacto en animales grandes ni mamíferos marinos.
Pero los ambientalistas se oponen a la presencia de operadores comerciales en este ámbito. Prefieren que lo hagan organizaciones respetadas, objetivas y transparentes, dispuestas a hacer un esfuerzo real, en lugar de dinero fácil vendiendo créditos a empresas.
Un primer experimento de este tipo podría abrir las puertas a muchos más intentos de OAE en el futuro.