¿Son reales nuestros recuerdos o sólo una ilusión cósmica? Un nuevo estudio sacude la física y la mente
Entre la física y la literatura, un nuevo estudio revive una pregunta que obsesionó a Borges: ¿recordamos hechos reales o somos producto de una improbable fluctuación cósmica?

Jorge Luis Borges imaginó bibliotecas infinitas, memorias perfectas y sueños capaces de crear mundos enteros. Philip K. Dick llevó esa misma obsesión al terreno de la ciencia ficción, poblando sus relatos de realidades inestables, recuerdos implantados y universos falsos. Hoy, la física teórica vuelve a plantear ese interrogante desde un ángulo inesperado: ¿y si nuestras memorias no fueran huellas auténticas del pasado, sino el resultado de una improbable fluctuación cósmica?
Un nuevo estudio científico reabre este dilema al analizar la llamada paradoja del ��cerebro de Boltzmann”, una hipótesis tan desconcertante como fascinante que sugiere que una mente consciente podría surgir espontáneamente del caos térmico del universo, con recuerdos y percepciones completamente ilusorios. En ese escenario extremo, nuestra historia personal, nuestra identidad y hasta la noción misma de tiempo quedarían suspendidas en una duda radical.
La paradoja de Boltzmann: cuando la física duda de la realidad
A fines del siglo XIX, el físico Ludwig Boltzmann planteó una inquietante paradoja. Según las leyes de la termodinámica, el universo tiende al desorden, pero en escalas enormes de tiempo podrían ocurrir fluctuaciones capaces de generar, de forma espontánea, estructuras complejas. Entre ellas, incluso un cerebro con recuerdos y percepciones: el llamado “cerebro de Boltzmann”.
El artículo científico Disentangling Boltzmann Brains, the Time-Asymmetry of Memory, and the Second Law profundiza esta idea y busca resolver la tensión entre la segunda ley de la termodinámica y la flecha del tiempo que percibimos. Los autores analizan por qué nuestros recuerdos parecen siempre orientados hacia el pasado y no hacia el futuro, y cómo esa asimetría temporal podría ser incompatible con un universo dominado por el equilibrio térmico.
Según el estudio, si los cerebros de Boltzmann fueran más probables que los observadores “reales”, entonces la mayoría de las experiencias conscientes del cosmos serían ilusorias. Sin embargo, los modelos físicos actuales sugieren que este escenario extremo entra en conflicto con la coherencia interna del universo y con la estabilidad de las leyes físicas, lo que ofrece una vía para descartar esa posibilidad.
¿Memorias sin pasado? Ciencia, ficción y el eco de Borges
La hipótesis del cerebro de Boltzmann plantea una pregunta radical: ¿y si nuestras percepciones, recuerdos y observaciones fueran apenas una fluctuación estadística surgida del equilibrio térmico del universo, sin conexión alguna con su historia real? Algunos físicos sostienen que este escenario, aunque matemáticamente posible, es físicamente inverosímil, ya que implicaría un universo dominado por el azar absoluto.
Otros, en cambio, lo utilizan como experimento mental para poner a prueba la solidez de nuestras teorías cosmológicas. Si una teoría predice que es más probable que existan cerebros espontáneos antes que observadores reales, entonces, argumentan, algo profundo falla en ese marco teórico.
Como en los universos de Philip K. Dick o en los laberintos temporales de Jorge Luis Borges, la física sugiere que la conciencia podría estar sostenida por recuerdos que no necesariamente corresponden a un pasado real.
Otros, en cambio, lo utilizan como experimento mental para poner a prueba la solidez de nuestras teorías cosmológicas. Si una teoría predice que es más probable que existan cerebros espontáneos antes que observadores reales, entonces, argumentan, algo profundo falla en ese marco teórico. Este dilema resuena con fuerza en la literatura fantástica.

Jorge Luis Borges exploró obsesivamente la fragilidad del tiempo, la memoria y la identidad. En cuentos como Funes el memorioso o Las ruinas circulares, el recuerdo aparece como una construcción inestable, capaz de definir —o disolver— la realidad misma. Como en la paradoja de Boltzmann, Borges sugiere que la conciencia puede ser un espejismo, un delicado artificio sostenido por la repetición y el lenguaje.
Philip K. Dick fue uno de los escritores que mejor exploró la fragilidad de la memoria y la inestabilidad de la realidad. En novelas y cuentos que anticiparon debates científicos actuales, imaginó mundos donde los recuerdos podían ser implantados, manipulados o directamente inventados, obligando a sus personajes —y a los lectores— a dudar de todo lo que creían cierto.

Aunque la física moderna ofrece argumentos sólidos para descartar que seamos simples cerebros surgidos del caos térmico, la pregunta persiste como un recordatorio inquietante: nuestra certeza sobre el pasado no es absoluta. Entre ecuaciones, paradojas y relatos, la ciencia vuelve a rozar un límite ancestral: el misterio de la conciencia y la fragilidad de la realidad que creemos habitar.
Referencias de la noticia
Wolpert, D., Rovelli, C., & Scharnhorst, J. (2025). Disentangling Boltzmann Brains, the Time-Asymmetry of Memory, and the Second Law. Entropy, 27(12), 1227.
Santa Fe Institute (2026) Are your memories illusions? New study disentangles the Boltzmann brain paradox. Phys Org / General Physics