Una experta explica cuáles son los 5 alimentos de moda que más agua y recursos consumen
Estos alimentos de moda que asociamos a salud esconden un elevado consumo de agua y recursos, especialmente cuando su producción choca con la realidad climática española.

Como hemos hablado muchas veces, quienes sólo miden el impacto del cambio climático en grados o en fenómenos extremos están dejando fuera una parte incómoda de la ecuación: lo que ponemos en el plato. Lo de la lucha frente al cambio climático está muy bien hasta que nos tocan la merienda.
Porque sí, hay alimentos que parecen saludables, innovadores o incluso “responsables”, pero cuya huella hídrica y ambiental es sorprendentemente alta. ¿Es una faena para tu foto de insta? Lo es.
No se trata de demonizar alimentos, sino de entender el contexto: muchos de los productos que hoy consumimos sin pensar se han convertido en tendencias globales, y eso multiplica su impacto. Lo que antes era consumo puntual o local, ahora es masivo, intensivo y muchas veces insostenible.
Alimentos que consumen grandes cantidades de agua y otros recursos
Aquí van algunos de ellos que merecen, como mínimo, una pausa antes de llenar la cesta.
Aguacate: el oro verde con sed infinita
El aguacate se ha convertido en símbolo de alimentación saludable . Tostadas, ensaladas, pokes, smoothies… está en todas partes desde que te levantas hasta que te acuestas. Pero su éxito tiene un costo elevado: producir un kilo de aguacates puede requerir alrededor de 1.000 litros de agua.

En España, el cultivo se ha expandido especialmente en zonas como la Axarquía malagueña y la Costa Tropical de Granada, donde el clima lo permite… pero el agua no sobra precisamente. Aquí está la clave: no es solo cuánta agua necesita el cultivo, sino de dónde sale.
Estas regiones sufren sequías recurrentes y dependen en gran medida de embalses y acuíferos cada vez más tensionados. El aumento de la superficie de cultivo de aguacate ha generado una presión creciente sobre estos recursos, hasta el punto de que en algunos momentos se han tenido que restringir los riegos o recurrir a soluciones de emergencia como trasvases o uso de agua regenerada.
Además, hablamos de un cultivo intensivo y orientado a mercado, lo que implica producción constante, no estacional, y por tanto demanda de agua sostenida en el tiempo . El resultado: un alimento saludable en el plato, pero con una huella hídrica que no siempre encaja con la disponibilidad real del territorio .
Y si lo traes de otras zonas de cultivo como Chile o México también con estrés hídrico, además de competir con el agua que se necesita allí, habrá que sumarle el petróleo.
Fresas: el lado oculto de la fruta perfecta todo el año
Las fresas esconden un impacto importante cuando se consumen fuera de temporada. En España, su producción se concentra en gran medida en Huelva , uno de los mayores polos productores de Europa.
¿El problema? Parte de esta producción depende de acuíferos que alimentan espacios protegidos como Doñana, un ecosistema extremadamente sensible. La extracción intensiva de agua para riego (sumada a periodos de sequía) ha contribuido a la degradación de humedales y a la disminución del nivel freático.
Tremendo regalo fresas de Huelva España pic.twitter.com/qjyNQh0Zoc
— Rocco Remo Flacco (@roccoremo) March 25, 2024
A esto se suma un modelo productivo muy exigente: cultivos bajo plástico, alto consumo de agua, fertilizantes, y una logística que permite tener fresas prácticamente todo el año. Porque sí, el verdadero punto crítico es ese: hemos normalizado comer fresas en cualquier momento, cuando su temporada natural es mucho más limitada.
Y luego está el desperdicio. Las fresas tienen una vida útil muy corta , son sensibles al transporte ya los golpes, y eso hace que una parte importante no llegue a consumirse. Resultado: estamos utilizando recursos hídricos en zonas vulnerables para producir un alimento que, en muchos casos, termina en la basura...
El pistacho: la nueva obsesión crujiente
Ese fruto seco que ha pasado de ser un pequeño lujo a puñados a convertirse en helados, cremas, salsas, chocolates… y prácticamente en una religión gastronómica.
El problema es que producir pistachos también implica un consumo elevado de agua (en cifras comparables a otros frutos secos exigentes), y su cultivo se concentra en zonas con estrés hídrico, como California o algunas regiones de Oriente Medio.

Y aquí viene la parte incómoda: no los estamos comiendo, los estamos invocando. Pistacho en el café, en el yogur, en la tostada, en el postre… calma. Porque cuando un alimento pasa de vez en cuando a omnipresente, su impacto deja de ser anecdótico.
A veces no es sólo lo que consume los alimentos por sí mismos, sino que el aumento enorme de producción para abastecer la demanda de consumo en poco tiempo hace que el producto sea totalmente insostenible.
Carne de vacío: el clásico que sigue pesando
No es una moda reciente, pero sí un consumo que sigue siendo elevado y, en muchos casos, creciente en ciertos formatos como hamburguesas gourmet o dietas hiperproteicas.
La carne de vacuno es uno de los alimentos con mayor huella hídrica, con cifras cercanas a 15.000 litros de agua por kilo. A esto se suman emisiones de gases de efecto invernadero y un uso intensivo de suelo.
Otro día hablamos de los beneficios en la salud de disminuir las raciones de carne roja semanales.
Quinoa: de alimento local a presión global
La quinua fue durante siglos un cultivo sostenible y adaptado a su entorno en los Andes. Pero su popularidad internacional la transformó en un producto de exportación masiva.

Esto ha generado presión sobre los recursos locales , cambios en el uso del suelo y, en algunos casos, dificultades de acceso para las poblaciones locales . Un ejemplo claro de cómo un súper alimento puede dejar de ser sostenible cuando se globaliza sin control.
Como alternativa tenéis las lentejas con arroz. De nada.
Productos “eco” del otro lado del mundo: el ecopostureo
Cada vez más consumidores optan por productos ecológicos. Algunos de ellos piensan erróneamente que son más sanos o tienen menos “pesticidas”, no tienen menos, tienen otros y por supuesto no son más sanos. A esto le sumamos cuando esos productos recorren miles de kilómetros hasta llegar a nuestra mesa bien envueltos en plástico.

Un producto con sello “bio” puede tener una huella de carbono elevada debido al transporte. Es decir, “ecológico” no siempre significa “de bajo impacto” si no se tiene en cuenta el origen. Si quieres eco de verdad, elige el producto de temporada y siempre que sea posible, priorizando el local.
Comer mejor no es comer perfecto (pero sí más consciente)
El problema no es consumir estos alimentos, sino hacerlo sin contexto. La clave no está en eliminarlos, sino en recuperar algo que hemos perdido: el equilibrio.
- Variar la dieta.
- Priorizar productos locales y de temporada.
- Reducir el consumo impulsivo por tendencia de influencer.
- Entender que “saludable” no significa “sostenible”.
Porque el impacto ambiental no se nota en el plato… pero sí en el planeta. Y cada decisión, aunque parezca pequeña, suma. O resta.