Así es vivir y trabajar a 4.000 metros sobre el nivel del mar: “Aquí ni siquiera llegan las enfermedades”

A 4.000 metros de altitud, Juanito cuida 150 ovejas en Ecuador, mientras los trabajadores de una mina en Argentina afrontan turnos a la misma altura.

Juanito, de 71 años, cuida de unas 150 ovejas en los páramos de Ecuador, donde vive con parte de su familia a 4.000 metros de altura. Imagen: @josueyeli / Youtube
Juanito, de 71 años, cuida de unas 150 ovejas en los páramos de Ecuador, donde vive con parte de su familia a 4.000 metros de altura. Imagen: @josueyeli / Youtube

La vida en lugares situados por encima de los 4.000 metros tiene poco que ver con la que se desarrolla a menor altitud. En los páramos de Ecuador, Juanito lleva 71 años vinculado a la tierra y continúa ocupándose de unas 150 ovejas. Por su parte, en la Cordillera sanjuanina, los trabajadores de la mina Veladero, en Argentina, permanecen 15 días en la montaña antes de regresar otros 15 a sus hogares.

Son dos formas de permanecer en la altura y dos rutinas completamente distintas. Una está ligada a una familia indígena que ha vivido durante generaciones en el mismo entorno; la otra depende de un sistema de turnos que permite mantener una explotación minera activa día y noche. En ambos casos, el cuerpo y las costumbres tienen que adaptarse a miles de metros sobre el nivel del mar.

Vivir a 4.000 metros junto a un rebaño

Juanito reside en los páramos de Ecuador con parte de su familia. Pertenece a la cultura indígena Panzaleo y nació en el mismo lugar que sus padres. Allí sigue viviendo a los 71 años, sin plantearse abandonar una actividad que conoce desde niño. “Aquí vivimos tranquilos. Somos felices con la tranquilidad”, explica.

Su jornada comienza cuando abre el corral y conduce a los animales hacia las zonas de pasto. El trayecto puede prolongarse durante 40 minutos o incluso más. La actividad se repite día tras día y forma parte de una tradición familiar. “Mi papá y mi mamá también nacieron aquí. Por eso no nos hemos ido”, cuenta.

La vivienda tampoco se parece a una casa convencional. La familia vive en chozas construidas con barro y paja, se calienta con leña y duerme sobre colchones de paja cubiertos por varias mantas. También cultiva y recoge alimentos, aunque en ocasiones baja al pueblo para comprar productos y vender parte de lo que obtiene.

Una rutina marcada por el frío y el aislamiento

Para Juanito, vivir lejos de las ciudades tiene una ventaja relacionada con la tranquilidad. Tiene seis hijos y seis nietos, algunos todavía a su lado, y considera que haber permanecido allí ha permitido mantener una forma de vida familiar que conoce desde siempre. “Gracias a Dios hemos vivido tranquilamente, y aquí no llegan las enfermedades”, afirma.

Juanito mantiene una vida ligada al pastoreo en los páramos ecuatorianos, donde acompaña cada día a su rebaño por encima de los 4.000 metros. Imagen: @josueyeli / Youtube
Juanito mantiene una vida ligada al pastoreo en los páramos ecuatorianos, donde acompaña cada día a su rebaño por encima de los 4.000 metros. Imagen: @josueyeli / Youtube

El trabajo con las ovejas no ocupa todos los momentos del día. Durante los desplazamientos con el rebaño, el pastor suele llevar una flauta andina y tocar mientras camina. Su relación con el instrumento incluso da lugar a una de sus bromas: “me quiere más que mi mujer”.

La vida de Juanito fue conocida por un público más amplio después de que Josué y Elie, del canal de YouTube “Ecuador y sus paisajes”, convivieran durante tres días con él y su familia. Esa estancia permitió mostrar las tareas cotidianas, el cuidado de los animales y las condiciones de vida en los páramos. Después de más de siete décadas allí, Juanito resume su día a día así: “Nosotros somos felices aquí con la tranquilidad y trabajamos con los 150 borreguitos”.

Vivir a 4.000 metros durante 15 días seguidos

A miles de kilómetros, la altura también condiciona la rutina de quienes trabajan en la mina Veladero, situada a más de 4.000 metros en la Cordillera sanjuanina, al oeste de la provincia argentina de San Juan. El complejo se prepara para alcanzar 20 años de operatividad ininterrumpida y funciona mediante relevos.

La mina Veladero funciona a más de 4.000 metros de altitud, con equipos organizados en turnos de día y de noche. Imagen: tiempodesanjuan.com
La mina Veladero funciona a más de 4.000 metros de altitud, con equipos organizados en turnos de día y de noche. Imagen: tiempodesanjuan.com

Los empleados permanecen 15 días en la montaña y después disponen de otros 15 de descanso. El primer día está destinado habitualmente a la aclimatación, debido a los efectos que puede provocar el ascenso. Una vez superada esa primera adaptación, la actividad continúa repartida entre turnos diurnos y nocturnos.

En la zona de extracción trabajan 52 camiones que mantienen la actividad de forma continua. Cada vehículo llega a efectuar alrededor de 600 viajes por turno. La plantilla que maneja estas máquinas está formada en su mayoría por mujeres, en una actividad que durante décadas tuvo una presencia masculina predominante.

Dormir, comer y trabajar según el turno

La organización diaria cambia por completo cuando llega el turno de noche. Quienes trabajan durante esas horas almuerzan entre las 17:00 y las 19:00 horas, mientras que la cena se sirve entre las 00:00 y las 03:00 horas. El reloj laboral determina buena parte de los hábitos mientras permanecen en la mina.

La extracción tampoco puede detenerse. De hecho, mantener la actividad permite conservar la estabilidad estructural del yacimiento y prevenir problemas como derrumbes o inundaciones. Por ese motivo, los equipos se distribuyen entre las jornadas de día y de noche.

La vuelta a casa forma parte esencial de este sistema. “Nuestros cerebros están programados para trabajar solo 14 días. Ya al día 15 queremos bajar, ver a nuestras familias, retomar nuestras vidas. Pero estamos agradecidos, esta mina nos cambió la vida”, han comentado los trabajadores de Veladero al medio de comunicación argentino “Tiempo de San Juan”. Dos formas de vida a más de 4.000 metros, separadas por miles de kilómetros y por trabajos muy distintos, pero condicionadas en ambos casos por la misma altura.