Aviones cazahuracanes se adentran en el ojo de Lowell y captan un impresionante efecto estadio cerca de Hawái

Las aeronaves atraviesan la gigantesca muralla de nubes que ha generado el poderoso sistema y se adentran en el corazón del huracán Lowell para obtener mediciones esenciales que permitan conocer su intensidad y anticipar sus próximos movimientos.
Atravesar la pared de nubes de un huracán desde el interior de un avión es una de las misiones más espectaculares y arriesgadas de la meteorología. Eso es precisamente lo que han hecho los aviones cazahuracanes de la NOAA y de la Fuerza Aérea de Estados Unidos durante sus vuelos sobre el huracán Lowell, un poderoso ciclón que ha mantenido en alerta a Hawái.
Las imágenes captadas durante estas misiones muestran el momento en que las aeronaves se aproximan al centro de Lowell y atraviesan su eyewall o muro del ojo, la gigantesca muralla de nubes convectivas que rodea el ojo, formando en este caso un espectacular efecto estadio, típicp de huracanes particularmente intensos. Desde el exterior, el sistema aparece como una enorme espiral de nubes; desde dentro, la perspectiva cambia por completo.
Datos más precisos que los satelitales
El objetivo de estos vuelos no es únicamente obtener imágenes impactantes. Los cazahuracanes se introducen directamente en el sistema para recopilar información que los satélites no pueden proporcionar con el mismo nivel de precisión. Durante las operaciones se registran datos de presión, temperatura, humedad y velocidad y dirección del viento, fundamentales para determinar la intensidad real del ciclón y ajustar las previsiones.

En una de las misiones realizadas sobre Lowell, los instrumentos de reconocimiento detectaron cambios significativos en su estructura. El 6 de septiembre, una aeronave de la Reserva de la Fuerza Aérea encontró una presión central de 948 hPa durante su primer paso por el ojo y unos vientos de 109 nudos en altura. Las observaciones contribuyeron a establecer la intensidad inicial del huracán en 200 km/h.
Días antes, Lowell había alcanzado una intensidad todavía mayor. El Centro de Huracanes del Pacífico Central informó el 4 de septiembre de que los datos obtenidos por un cazahuracanes indicaban una presión mínima de 922 hPa y vientos de hasta 280 km/h en altura. El sistema fue clasificado entonces como huracán de categoría 5 en la escala Saffir-Simpson.
Una misión peligrosa para conocer la evolución del huracán
Para obtener estas mediciones, las aeronaves realizan varias pasadas por el centro del huracán. Los equipos lanzan además sondas desechables, conocidas como dropsondes, que descienden hacia el océano mientras transmiten información meteorológica en tiempo real.
Los datos obtenidos en esta peligrosa misión permiten conocer con mayor precisión cómo está organizado el ciclón y cómo está evolucionando.
Pero también regalan unas impactantes imágenes: una aeronave avanzando entre turbulencias, lluvia y nubes de enormes dimensiones hasta alcanzar un ojo relativamente tranquilo, pero rodeado por una pared que concentra algunos de los vientos más violentos del huracán.