Qué es el 'glifosato', el peligroso herbicida que la administración Trump está rociando sobre las montañas
El glifosato vuelve al centro del debate político y científico tras nuevas decisiones en Estados Unidos. El uso masivo en bosques reabre interrogantes: qué es exactamente, para qué se utiliza y cuáles son sus posibles efectos sobre la salud.

Hablar de glifosato es hacerlo de uno de los productos químicos más extendidos—y controvertidos— de la agricultura moderna. Presente en millones de hectáreas de cultivos y, cada vez más, en entornos forestales, este herbicida de amplio espectro se ha convertido en un símbolo político.
De acuerdo con nuestro experto en agricultura Eduardo Corella, en México durante el periodo presidencial de AMLO, se comprometió a implementar una prohibición gradual del glifosato a partir del 31 de marzo de 2024, siguiendo una tendencia mundial de países que han tomado medidas en contra de este herbicida.
Sin embargo, la realidad se enfrentó a desafíos considerables en la implementación de esta medida. "Se estima que se aplican alrededor de 23 mil toneladas de glifosato al año, principalmente en cultivos como el maíz, el sorgo y la soja", señala Corella.
Un herbicida omnipresente
El glifosato es una sustancia química diseñada para eliminar plantas. Actúa bloqueando una enzima esencial para el crecimiento vegetal, lo que provoca que las malas hierbas mueran en pocos días. Desde el inicio de su comercialización en 1974, se ha convertido en el herbicida más utilizado del mundo.
¿Trump protegiendo el glifosato (Roundup) de demandas por cáncer?
— Karim A Nesr (@karimanesr) February 23, 2026
Donald Trump ha firmado una orden ejecutiva que protege la producción de herbicidas a base de glifosato, como Roundup, vinculado con el cáncer y objeto de numerosos litigios en Estados Unidos.
¿Qué hace esta pic.twitter.com/o6MfPtHySB
Su éxito tiene una explicación sencilla: es efectivo, relativamente barato y puede aplicarse de forma masiva. Además, su popularidad creció aún más con la llegada de cultivos modificados genéticamente para resistir sus efectos, lo que permite rociar campos enteros sin dañar la cosecha.
¿Los contras? El glifosato se degrada en el medio ambiente transformándose en el metabolito conocido como AMPA.
Posible relación con el cáncer
En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó al glifosato como "probablemente cancerígeno para los humanos" (Grupo 2A), con especial atención al linfoma no Hodgkin. Esto no significa que cause cáncer con certeza, pero sí que hay indicios suficientes para mantener la alerta, sobre todo en exposiciones prolongadas.

Es decir, el glifosato no genera preocupación por un contacto puntual, pero sí por el repetido. Y, ahí, agricultores, trabajadores forestales o personas que viven cerca de zonas fumigadas se llevan la peor parte al inhalarlo o ingerir residuos durante años.
Desde el punto de vista del medio ambiente, también puede alterar suelos, contaminar agua y perjudicar a insectos o microorganismos que son clave para los ecosistemas. Cuando, además, se rocía en grandes áreas —como montañas o zonas forestales— aumenta el riesgo de que el producto se disperse fuera de control (lo que se conoce como deriva), llegando a ríos, animales o poblaciones cercanas.
De los cultivos a los bosques
Aunque tradicionalmente el glifosato se ha asociado a la agricultura, investigaciones recientes señalan que la expansión más rápida no está ocurriendo en los campos, sino en áreas forestales gestionadas para explotación maderera o de recuperación tras incendios.
Mother Jones investigation alleges US Forest Service is rapidly expanding use of glyphosate weed killer despite safety concerns, especially in Southern states with large timber industries pic.twitter.com/JqfsFsbR8t
— Wave News Network (@wavenewsnet) May 2, 2026
Y aquí es donde entra la política. La actual estrategia de la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está impulsando el uso de herbicidas en terrenos públicos, incluyendo montañas y zonas forestales. El objetivo sería acelerar la regeneración de bosques comerciales eliminando especies competidoras y favoreciendo el crecimiento de árboles económicamente rentables.
Además, una orden ejecutiva de febrero 2026 declaró la producción de herbicidas basados en glifosato como un asunto de “seguridad nacional”, vinculando directamente esta sustancia con la estabilidad de los cultivos transgénicos de soja, maíz o algodón.
Un debate de dimensiones políticas
Así, lo que podría parecer un debate técnico se ha convertido en un asunto político de primer nivel. En Estados Unidos, el uso del glifosato divide a agricultores, científicos, activistas y votantes. Por un lado, sectores agrícolas advierten que prohibirlo tendría consecuencias graves para la producción de alimentos. Por otro, movimientos ciudadanos denuncian que se prioriza el interés económico por encima de la salud pública.
La administración Trump ha apostado claramente por mantener —e incluso reforzar— su uso. La combinación de incentivos a su producción, el apoyo regulatorio y la expansión en terrenos forestales ha intensificado las críticas, incluso entre sus propios votantes.
Algunos expertos advierten que los efectos acumulativos del glifosato siguen siendo poco conocidos, especialmente cuando se combinan con otros factores como incendios, cambio climático o explotación intensiva. Riegos de toxicidad que se subordinan al interés económico por el momento.