Expertos confirman que la Luna no deja de encoger y que podría sufrir terremotos

Un equipo de científicos elaboró el primer mapa mundial de pequeñas crestas en los mares lunares. El hallazgo confirma que la Luna sigue contrayéndose y abre nuevas preguntas sobre la actividad sísmica que enfrentarán las futuras misiones.

La Luna, a diferencia de la Tierra, carece de tectónica de placas. Su corteza es una sola estructura continua.
La Luna, a diferencia de la Tierra, carece de tectónica de placas. Su corteza es una sola estructura continua.

Un grupo de investigadores logró algo que hasta ahora parecía fuera de alcance: confeccionar el primer mapa global y estudio detallado de las llamadas small mare ridges (SMRs), discretas elevaciones geológicas que evidencian actividad tectónica en la Luna.

El trabajo fue publicado en The Planetary Science Journal y estuvo encabezado por especialistas del Centro de Estudios de la Tierra y los Planetas del National Air and Space Museum, junto con colaboradores de otras instituciones.

Estas crestas, apenas perceptibles en comparación con otras estructuras lunares, se distribuyen en los mares lunares —las grandes planicies oscuras visibles desde la Tierra— y, según demuestra el estudio, son relativamente jóvenes en términos geológicos. Comprender cómo se forman no es un detalle menor: podría ayudar a identificar nuevas fuentes de “lunamotos” y, en consecuencia, influir en la selección de futuros sitios de alunizaje.

Una tectónica distinta a la de la Tierra

Aunque la Tierra y la Luna experimentan fuerzas tectónicas, el modo en que estas operan es radicalmente diferente. En nuestro planeta, la corteza está fragmentada en placas móviles que chocan, se separan o se deslizan entre sí. Esos movimientos levantan cordilleras, abren fosas oceánicas y alimentan la actividad volcánica, especialmente en torno al Pacífico.

La Luna, en cambio, carece de tectónica de placas. Su corteza es una sola estructura continua. Allí, el estrés se acumula internamente hasta liberarse en forma de deformaciones superficiales. Un ejemplo conocido son los lobate scarps, crestas formadas cuando la corteza se comprime y un bloque se desplaza sobre otro a lo largo de una falla. Estas estructuras, frecuentes en las tierras altas lunares, surgieron en el último tramo de la historia del satélite, dentro del 20 % más reciente de su existencia.

Una Luna que se enfría y se contrae

Ya en 2010, el científico Tom Watters había presentado evidencia de que la Luna se está encogiendo lentamente. A medida que su interior se enfría, la superficie se contrae y genera fuerzas de compresión responsables de esas escarpas en las zonas elevadas.

Sin embargo, esas formaciones no explicaban todos los rasgos asociados a la contracción reciente. Allí entran en escena las pequeñas crestas de los mares lunares.

Una pequeña cordillera en el noreste de Mare Imbrium tomada por la cámara del Lunar Reconnaissance Orbiter. Crédito: NASA/GSFC/Universidad Estatal de Arizona.
Una pequeña cordillera en el noreste de Mare Imbrium tomada por la cámara del Lunar Reconnaissance Orbiter. Crédito: NASA/GSFC/Universidad Estatal de Arizona.

Las SMRs se originan por el mismo tipo de fuerzas compresivas que los lobate scarps. La diferencia es geográfica: mientras las escarpas dominan las tierras altas, las SMRs aparecen exclusivamente en los mares. El equipo decidió entonces mapearlas de manera sistemática y analizar su papel en la actividad tectónica reciente.

El resultado fue contundente. Los investigadores identificaron 1.114 segmentos de SMRs que hasta ahora no habían sido reconocidos en el hemisferio visible de la Luna. Con ello, el número total conocido asciende a 2.634.

Crestas jóvenes en un mundo antiguo

El análisis reveló que la edad promedio de estas crestas es de unos 124 millones de años. Para ponerlo en perspectiva, la Luna tiene más de 4.500 millones de años. Las escarpas estudiadas anteriormente mostraban una edad media similar, de 105 millones de años. En términos geológicos, ambas estructuras son sorprendentemente recientes.

Además, el estudio confirmó que las SMRs se forman a lo largo de fallas del mismo tipo que las escarpas. En algunas regiones incluso se observa cómo una escarpa en las tierras altas se transforma gradualmente en una SMR al ingresar en los mares lunares, lo que refuerza la hipótesis de un origen común.

Con el nuevo catálogo, los científicos disponen ahora de una visión mucho más completa de la evolución tectónica y la contracción global del satélite.

¿Más lunamotos en el horizonte?

Investigaciones previas ya habían vinculado las fuerzas que generan las escarpas con registros de actividad sísmica lunar. Si las SMRs comparten el mismo mecanismo de formación, es razonable pensar que también podrían ser foco de lunamotos.

El mapa ampliado de posibles zonas sísmicas no solo permitirá estudiar con mayor precisión el interior lunar y su comportamiento térmico. También introduce un factor clave para la seguridad de las misiones tripuladas.

En un contexto en el que programas como Artemis proyectan el regreso de astronautas a la superficie lunar, entender dónde podrían producirse sismos se vuelve una cuestión estratégica. Cada nueva cresta identificada no es solo una marca en el paisaje: es una pista sobre la vitalidad interna de un mundo que, lejos de estar muerto, todavía se mueve.

Referencia de la noticia

C. A. Nypaver, T. R. Watters, M. E. Banks, J. D. Clark, T. Frueh. A New Global Perspective on Recent Tectonism in the Lunar Maria. The Planetary Science Journal, 2025; 6 (12): 302 DOI: 10.3847/PSJ/ae226a