Por qué los eclipses nos fascinan: un neurobiólogo explica cómo reacciona el cerebro ante este fenómeno astronómico
Un estudio realizado por la UCM revela qué mecanismos cerebrales explican la fascinación que despiertan los eclipses y por qué esos recuerdos perduran durante años.

Cada eclipse que tiene lugar en el cielo reúne a millones de personas bajo una misma escena: la Luna ocultando parcial o totalmente al Sol. Sin embargo, lo que sucede no se limita al espectáculo astronómico. Mientras la mirada se dirige al cielo, el cerebro pone en marcha una serie de mecanismos relacionados con la sorpresa, la atención y el aprendizaje.
Esta explicación procede de un artículo del Departamento de Biología Celular e Histología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, encabezado por el neurobiólogo José Ángel Morales. El trabajo revisa qué procesos neurobiológicos intervienen durante estos fenómenos y por qué provocan reacciones tan intensas en buena parte de la población.
Eclipses y cerebro: por qué la curiosidad nos obliga a mirar
La atracción que generan los eclipses no es algo nuevo. Existen indicios de que ya se realizaban observaciones desde hace miles de años. Entre ellos destacan los petroglifos de Loughcrew, en Irlanda, datados hacia el año 3340 a. C., que algunos especialistas interpretan como posibles representaciones de un eclipse solar.
UCM con el eclipse.
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En numerosas civilizaciones antiguas, estos acontecimientos fueron entendidos como señales sobrenaturales. En China se pensaba que un dragón devoraba el Sol, mientras que otros pueblos americanos atribuían el oscurecimiento del cielo a jaguares y a otras criaturas. El temor y la necesidad de poder anticiparse favorecieron la observación del firmamento y el registro de patrones astronómicos.
Según José Ángel Morales, uno de los modelos neurobiológicos más aceptados interpreta la fascinación como consecuencia de una carencia de información. "Percibimos que hay algo relevante que desconocemos, y eso genera una especie de tensión cognitiva que queremos resolver". La búsqueda de respuestas actuaría así como un potente estímulo interno.
Qué ocurre en el cerebro durante un eclipse
El estudio recuerda que los eclipses encajan perfectamente en ese mecanismo. Aunque conocemos su origen y podemos predecir cuándo sucederán, mantienen un componente de excepcionalidad que despierta la atención. "Un eclipse encaja perfectamente en este mecanismo. Sabemos lo suficiente como para anticiparlo, pero su rareza, complejidad y espectacularidad generan incertidumbre. Es difícil no mirar", explica Morales.

Durante esos instantes participan estructuras como la corteza cingulada anterior y la ínsula anterior, relacionadas con la detección de acontecimientos inesperados y con la orientación de la atención hacia estímulos considerados importantes para el individuo.
Al mismo tiempo, disminuye la actividad de la denominada red neuronal por defecto, asociada a los pensamientos autorreferenciales. Este reajuste ayuda a comprender por qué muchas personas describen la sensación de "olvidarse de uno mismo" y quedar completamente absorbidas por lo que sucede ante sus ojos.
Eclipses, memoria y recompensa: por qué no todos reaccionan igual
El trabajo del Departamento de Biología Celular e Histología de la Universidad Complutense señala que el sistema de recompensa también interviene durante la observación de un eclipse. El estriado y el núcleo accumbens liberan dopamina, un neurotransmisor ligado a la motivación y al placer. "El cerebro no sólo responde a recompensas materiales, sino también a la información. En otras palabras, aprender o resolver una incógnita resulta intrínsecamente gratificante", apunta Morales.
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La activación conjunta del hipocampo y del sistema dopaminérgico favorece la consolidación de recuerdos. Diversos estudios citados en este análisis muestran que estos estados de elevada curiosidad ayudan a fijar experiencias concretas en la memoria. "Se recuerda con claridad dónde estábamos cuando vimos el eclipse. El cerebro marca ese momento como relevante".
No obstante, la intensidad de esa fascinación varía entre individuos. Las investigaciones basadas en neuroimagen indican que algunas personas con depresión o enfermedad de Parkinson pueden presentar una menor sensibilidad a la recompensa. Además, quienes muestran una elevada necesidad de respuestas definitivas suelen experimentar menos asombro. "Un eclipse, con su carácter efímero e impredecible, podría generar más incomodidad que fascinación en estas personas", concluye el investigador de la UCM José Ángel Morales.
Referencia de la noticia
Por qué los eclipses nos fascinan: qué ocurre en el cerebro cuando miramos al cielo Autor del texto: José Ángel Morales García, investigador del Departamento de Biología Celular e Histología de la Facultad de Medicina de la UCM.