Galileo Galilei: "Mide lo que sea medible y haz medible lo que no lo sea"
Mucho antes de que existieran los termómetros modernos, el genio italiano ideó el termoscopio, un instrumento revolucionario en su época que abrió el camino para convertir la temperatura en una magnitud medible y transformó la observación del tiempo atmosférico.

A finales del siglo XVI, hablar de temperatura no significaba lo mismo que hoy. El calor y el frío se consideraban cualidades de los cuerpos, pero no existía una escala universal que permitiera decir que una estancia estaba a 20 grados o que un día era diez grados más cálido que otro. Es decir, no había termómetros como los conocemos ahora.
Fue en ese contexto cuando, alrededor de 1592, el célebre hombre del Renacimiento Galileo Galilei (1564-1642) desarrolló un instrumento conocido como termoscopio.
¿Qué era el termoscopio?
El dispositivo era extraordinariamente sencillo. Consistía en una pequeña ampolla o recipiente de vidrio, aproximadamente del tamaño de un huevo, con un cuello largo y estrecho. La ampolla se calentaba con las manos y después se colocaba invertida en un recipiente que contenía agua.
Cuando el aire del interior se enfriaba, cambiaba su volumen y el agua comenzaba a subir por el cuello de vidrio. Si el aire volvía a calentarse, ocurría el fenómeno contrario: el agua descendía.

Galileo había encontrado así una forma de hacer visible un cambio de temperatura. El experimento no proporcionaba todavía una temperatura expresada en grados, pero este paso resultó fundamental. La temperatura, que hasta entonces era una sensación —«hace frío», «hace calor»—, comenzaba a convertirse en algo que podía observarse mediante un instrumento.
Era exactamente el espíritu que resume la famosa máxima atribuida a Galileo: si un fenómeno no puede medirse directamente, hay que encontrar una manera de hacerlo observable y cuantificable.
De la sensación al instrumento que permite medir
La importancia del termoscopio va mucho más allá de su aspecto rudimentario. Antes de este sencillo artefacto, la percepción humana era la principal referencia para valorar el calor. Pero nuestros sentidos no son instrumentos de medición especialmente fiables —la sensación depende de las condiciones previas y del propio observador—. Un instrumento, en cambio, permite comparar.
Es cierto que el termoscopio de Galileo no tenía una escala estandarizada, que sus indicaciones podían verse afectadas por factores como la presión atmosférica y que permitía detectar cambios, pero no asignarles una temperatura numérica universal.
Pero ese cambio de mentalidad fue decisivo para la ciencia moderna: ya no bastaba con decir que algo estaba caliente; había que encontrar una manera de determinar cuánto había cambiado su temperatura. Y ahí comienza el camino hacia la invención del termómetro moderno, obra del físico e ingeniero polaco-alemán Daniel Gabriel Fahrenheit en 1714.
Instrumentos para una nueva forma de observar el tiempo atmosférico
El termoscopio de Galileo fue uno de los primeros pasos hacia una nueva forma de estudiar la atmósfera: medirla en lugar de limitarse a describirla.
A mediados del siglo XVII comenzaron a aparecer y perfeccionarse otros instrumentos capaces de registrar distintas variables meteorológicas: el termómetro para la temperatura, el higrómetro para la humedad o los pluviómetros para la precipitación.

El barómetro de mercurio de Evangelista Torricelli, desarrollado en 1643, demostró además que el aire tenía peso y convirtió la presión atmosférica en otra magnitud susceptible de observación. La Organización Meteorológica Mundial considera precisamente el desarrollo de instrumentos como el termómetro y el barómetro en los siglos XVII y XVIII una de las bases de la aproximación científica a la atmósfera.
El nacimiento del método atmosférico
El siguiente salto fue comprender que una medición aislada no bastaba. Para saber cómo se comporta la atmósfera era necesario observarla de forma continuada, registrar los datos y compararlos.
A mediados del siglo XVII surgieron en Europa los primeros intentos de crear redes organizadas de observación; la Organización Meteorológica Mundial sitúa en 1654 uno de los primeros ejemplos, impulsado por Fernando II de Médici, que reunió observaciones meteorológicas procedentes de distintos lugares.
Galileo Galilei fue uno de los más grandes científicos de la historia, veamos algunos de sus aportes a la astronomía, la física y la matemática, y como siempre algunos datos curiosos.
— Giucp (@giucpv) April 14, 2023
Galileo nació el 15 de febrero de 1564 en Pisa, Italia, y murió el 8 de enero de 1642 pic.twitter.com/sPzJkRPVCz
Aquella idea —instrumentos similares, observaciones sistemáticas y datos comparables— acabaría convirtiéndose en la base del método meteorológico moderno. Siglos después, las redes nacionales e internacionales ampliarían este principio hasta convertirlo en una auténtica ciencia de la atmósfera: primero mediante observaciones en superficie, después con globos y radiosondas y, finalmente, con satélites y sistemas de observación global.
Pero fue el termoscopio el que abrió la puerta. A partir de entonces, el estado de la atmósfera pudo dejar de describirse únicamente mediante palabras y empezar a registrarse mediante observaciones instrumentales. Eso permitió comparar lugares, días y estaciones. Y, con el tiempo, construir series de datos. La meteorología moderna nació precisamente de esa transformación: observar, medir, registrar y comparar.
Referencia de la noticia
Agencia Estatal de Meteorología. (2009). Física del caos en la predicción meteorológica: Perspectiva histórica de la predicción meteorológica antes del siglo XX.