El gran error de los viajeros en el Himalaya: no visitar Katmandú en el corazón de Nepal
Quien viaja al Himalaya y pasa por alto Katmandú se pierde una de las ciudades con mayor patrimonio histórico y religioso de Asia, donde conviven siglos de historia y vida cotidiana.

Los itinerarios por el país asiático de Nepal suelen centrarse en las grandes rutas de montaña. Y es que esta nación es famosa por albergar ocho de las diez montañas más altas del planeta, incluido el célebre Monte Everest, el punto más elevado de la Tierra con 8.848 metros.
Por eso, son muchos los viajeros que se olvidan de visitar su capital Katmandú, que merece reservar varios días. En sus calles se concentran templos hindúes, monasterios budistas, antiguos edificios reales y mercados que mantienen una intensa actividad desde primera hora de la mañana. Todo ello rodeado por el paisaje del Himalaya.
La tradición sostiene que "Katmandú nació alrededor de Swayambhunath". Esa relación con la religión sigue presente en toda la ciudad. Entre plazas, callejones y bazares aparecen lugares de culto, lámparas de aceite encendidas por los fieles y edificios que conservan siglos de historia sin perder su función cotidiana.
Katmandú comienza en la plaza Durbar y el antiguo palacio real
La plaza Durbar constituye el mejor punto de partida para descubrir la ciudad de Katmandú. Este conjunto histórico reúne patios, santuarios y edificios que se remontan a varios siglos atrás, y están considerados una de las mayores muestras de arquitectura medieval de Asia. Las cubiertas escalonadas y las tallas de madera siguen marcando la imagen de esta icónica plaza.

Entre sus construcciones más emblemáticas se encuentran el Templo de Taleju y el Templo de Jagannath, éste último conocido por los relieves que decoran su fachada. Muy cerca aparecen la estatua de Kala Bhairab y la máscara dorada de Seto Bhairab, dos representaciones vinculadas a Shiva. A poca distancia, el Templo de Ashok Binayak mantiene la costumbre de ofrecer lámparas de aceite a Ganesh. Estas lámparas tradicionales utilizan mantequilla clarificada, tradicionalmente de yak.
El recorrido continúa por Hanuman Dhoka, residencia ceremonial de la monarquía nepalí hasta 2008. Sus patios, pabellones y accesos fueron ampliados durante el reinado de Prithvi Narayan Shah, recordado por la unificación de Nepal. Y si la Torre Basantapur está abierta, merece la pena subir, ya que ofrece una vista completa del casco antiguo.
Mercados históricos de Katmandú: entre monasterios y templos
Al norte de Durbar se suceden las calles más comerciales de Katmandú, donde pueden encontrarse variedades de sal del Himalaya, tejidos, especias y numerosos productos locales. En Indra Chowk llama la atención el Templo de Akash Bhairab, vigilado por cuatro leones de piedra, mientras que vendedores y compradores llenan la plaza durante todo el día.

A pocos metros aparece Itum Bahal, un antiguo patio monástico presidido por un monasterio budista del siglo XIII. En su interior funciona un museo dedicado a la historia de Katmandú. Los paneles de cobre recuerdan una antigua leyenda sobre un demonio relacionado con una celebración que todavía se conmemora cada año.
Tras dejar atrás Itum Bahal, el recorrido lleva hasta el templo de Jan Bahal, consagrado a Seto Machhendranath. Para el hinduismo es una deidad muy venerada, mientras que el budismo lo identifica con Avalokiteshvara, el bodhisattva de la compasión. A apenas cinco minutos a pie aparece Ason Tole, una de las plazas con mayor actividad comercial de Katmandú. Sus puestos ofrecen verduras, lentejas deshidratadas, queso curado del Himalaya, sukuti de búfalo, sal de roca y fideos, todo ello bajo la presencia del Templo de Annapurna, donde las campanas suenan de forma constante por las ofrendas de los fieles.
Swayambhunath y Thamel completan la visita por Katmandú
Las calles conducen después hasta Shree Gha, una gran estupa situada en una zona mucho más tranquila. Una estupa es monumento sagrado y de peregrinación del budismo. Su cúpula blanca y la aguja dorada se rodean de pequeños santuarios que mezclan símbolos del budismo con representaciones hindúes, ofreciendo un ambiente muy diferente al de los mercados cercanos.

Desde allí resulta sencillo llegar a Thamel, el barrio más conocido entre los viajeros. Tiendas de artesanía tibetana, cuencos, thangkas, centros de yoga y restaurantes ocupan sus calles. Yangling y Utse son dos referencias para probar momos tibetanos (empanadillas asiáticas), mientras que Thamel House sirve cocina tradicional newar.
La visita puede terminar en Swayambhunath, la célebre estupa que cuentan que surgió por sí misma. De hecho, está considerada tradicionalmente como el lugar donde nació la ciudad. Para alcanzar la cima hay que subir una larga escalinata custodiada por macacos rhesus acostumbrados a arrebatar comida a los visitantes. Desde la estupa, los ojos de Buda dominan el valle de Katmandú y ofrecen una de las imágenes más conocidas y sorprendentes de Nepal.