Estas dos plantas repelen insectos y ayudan a mantener el suelo del jardín saludable y libre de plagas
No todo se soluciona con insecticidas: hay plantas que mejoran el suelo, atraen aliados naturales y ayudan a mantener el jardín sano casi sin esfuerzo.

Un jardín no se defiende solo con pulverizadores. A veces, alcanza con elegir bien quién habita cada rincón. Entre flores vistosas y arbustos prolijos, hay plantas más humildes –incluso a veces subestimadas- que ayudan a espantar insectos problemáticos, a mejorar la tierra y a que todo lo demás crezca más fuerte.
Dos de ellas se ganaron un lugar privilegiado en huertas y patios: la consuelda y la verdolaga. No son plantas “milagro”, pero juntas arman un combo difícil de igualar.
Consuelda: raíces profundas, suelo agradecido
La consuelda (Symphytum officinale) parece exagerada desde el primer vistazo. Hojas grandes, crecimiento vigoroso y una capacidad notable para volver una y otra vez, incluso después de cortes intensos. Su secreto está bajo tierra: desarrolla raíces largas que exploran capas profundas del suelo, donde capturan nutrientes que otras plantas ni registran.

Ese “botín” vuelve a la superficie cuando se cortan las hojas. Cuando se las utiliza como acolchado o se suman al compost, las hojas de consuelda aportan potasio, calcio y nitrógeno, una especie de multivitamínico natural para la tierra. Con el tiempo, el suelo mejora su estructura y las plantas vecinas crecen más resistentes, algo clave para reducir ataques de plagas.
Además, sus flores atraen abejas y otros insectos beneficiosos. En un jardín sano, no todo insecto es enemigo.
¿Dónde y cómo ubicarla? Cerca de árboles frutales, tomates, zapallitos y otras plantas exigentes. Conviene plantarla en bordes o rincones. Una vez instalada, ocupa su espacio con decisión.

Acepta pleno sol y media sombra. Prefiere suelos con buena humedad, aunque tolera sequías moderadas.
Un dato práctico: cortar las hojas varias veces al año no la debilita sino que estimula su crecimiento y multiplica su aporte al suelo.
Verdolaga: la “maleza” que protege el jardín
La verdolaga (Portulaca oleracea) suele aparecer sin invitación. Muchos la arrancan sin culpa, pero el jardín la extraña. Forma una alfombra baja y densa que cubre el suelo, lo protege del sol fuerte y reduce la evaporación del agua.

Esa cobertura también frena el avance de otras plantas invasoras y genera un microclima más estable. Cuando se poda o se incorpora al compost, suma materia orgánica liviana, mejora la retención de humedad y deja la tierra más suelta.
Como bonus, florece y atrae polinizadores. Y sí, también se puede comer, pero esa es otra historia.

¿Dónde y cómo usarla? Funciona muy bien como cubresuelo entre canteros, senderos o al pie de cultivos altos. Conviene controlarla con podas para que no avance más de la cuenta.
Prefiere pleno sol y climas cálidos. Resiste sequías y lluvias intensas sin quejarse.
Un jardín que se defiende solo (o casi)
Ni la consuelda ni la verdolaga “espantan” insectos como un repelente químico. Su efecto es más inteligente: mejoran el ambiente. Un suelo fértil produce plantas más sanas, y las plantas fuertes sufren menos ataques severos. A eso se suma la presencia de insectos aliados que mantienen a raya a los problemáticos.
En jardines chicos, la consuelda puede ir en esquinas estratégicas y la verdolaga cubrir espacios libres. En patios grandes, arman una red viva que protege el suelo todo el año. Combinadas con aromáticas como albahaca, menta o citronela, el resultado es un jardín más equilibrado y mucho menos dependiente de productos externos.
A veces, la clave no está en sumar controles, sino en dejar que la naturaleza haga su trabajo. Y estas dos plantas lo hacen bastante bien.