Los perros afectan a la calidad de nuestro aire interior alterando los gases, partículas y microbios que respiramos
La presencia de perros o cada vez que lo acaricias en un lugar cerrado, como en tu casa, se altera la composición de gases, partículas y microbios del aire circundante y esto tiene impactos. ¿Eso es bueno?

Invisible, pero omnipresente, el aire que respiramos dentro de casa es mucho más complejo de lo que parece. No es simplemente aire exterior “encerrado”: tiene su propia mezcla de gases, partículas y microorganismos. Y ahora, un estudio liderado por la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) reveló algo inesperado: nuestros perros también modifican esa composición.
Hasta ahora, la ciencia había puesto el foco en los humanos como principales alteradores del aire interior. Pero considerando que millones de hogares comparten espacio con mascotas, era cuestión de tiempo que alguien analizara su impacto. Y los resultados son tan curiosos como reveladores.
Más proteínas y amoníaco
Al respirar, todos liberamos dióxido de carbono (CO₂). También emitimos pequeñas cantidades de amoníaco y compuestos orgánicos volátiles a través de la piel y el aliento. Los investigadores midieron estos mismos indicadores en perros, bajo condiciones estrictamente controladas.
¿El resultado? En términos absolutos, un perro grande puede producir una cantidad de CO₂ similar a la de un adulto en reposo. Pero hay un detalle interesante: la proporción de amoníaco respecto al CO₂ es mayor en perros.

¿Por qué? Su dieta más rica en proteínas, su metabolismo particular y su respiración rápida —clave para regular su temperatura— explican esta diferencia. Sin embargo, como también pasan largas horas durmiendo, el balance diario termina siendo bastante parecido al humano. En resumen: sí, tu perro respira y emite gases como tú. Pero no está “contaminando” el aire más que cualquier otro habitante de la casa.
Pelo de perro, polvo y bocanadas de partículas
Donde realmente se nota el impacto canino, es en las partículas. Cada vez que un perro se sacude, se rasca, corre o simplemente recibe caricias, libera al aire polvo, polen, restos de plantas y microorganismos atrapados en su pelaje. Los sensores del estudio detectaron verdaderas “bocanadas” de partículas cada vez que los animales se movían.
¿Es esto negativo? No necesariamente. Algunos estudios sugieren que la exposición a una mayor diversidad microbiana podría fortalecer el sistema inmunológico, especialmente en niños. Aun así, el impacto exacto en la salud puede variar según cada persona.
Desde el punto de vista científico, el hallazgo es clave: las mascotas actúan como “transportadores móviles” de material biológico dentro del hogar.
El efecto de las caricias y el ozono
El estudio también exploró algo más sutil: las reacciones químicas que ocurren cuando ciertos contaminantes entran en contacto con la piel. El ozono, por ejemplo, reacciona rápidamente con las grasas presentes en la piel humana, generando nuevos compuestos y partículas ultrafinas. Aunque los perros no producen escualeno (una grasa típica de la piel humana), sí acumulan residuos nuestros cuando los acariciamos.

Esos residuos pueden reaccionar con el ozono y formar subproductos químicos. Curiosamente, los perros generaron en promedio un 40 % menos derivados del ozono que los humanos. Es decir, incluso en este aspecto, el impacto existe, pero no supera al humano.
Una cámara ambiental y un compañero humano
Para asegurar la precisión de los resultados, los experimentos se realizaron en una cámara ambiental altamente controlada en la EPFL, diseñada para simular un espacio interior común.
Con aire filtrado, temperatura y humedad constantes, cualquier cambio detectado podía atribuirse exclusivamente a los perros. Participaron siete animales —tres grandes y cuatro pequeños— acompañados por personas conocidas para evitar estrés. Alternaron periodos de descanso con momentos de juego e interacción. Así, los científicos pudieron observar cómo la calidad del aire cambiaba casi en tiempo real.
Pero lejos de ser una alarma, el hallazgo aporta claridad científica. En un mundo donde pasamos la mayor parte del tiempo bajo techo, entender cómo compartimos el aire —con humanos y mascotas— es clave para diseñar hogares más saludables. Tu perro no solo mueve la cola… también mueve el aire.
Referencia de la noticia
Shen Yang, Nijing Wang, Tatjana Arnoldi-Meadows, Gabriel Bekö, Meixia Zhang, Marouane Merizak, Pawel Wargocki, Jonathan Williams, Martin Täubel, Dusan Licina, Our Best Friends: How Dogs Alter Indoor Air Quality. February 1 2026, Environmental Science & Technology. https://pubs.acs.org/doi/10.1021/acs.est.5c13324