Unos científicos del CSIC revelan que los primeros humanos ya usaban el fuego mucho antes de que supieran encenderlo
Un estudio del MNCN-CSIC sitúa el uso recurrente del fuego por el Homo erectus entre hace 1,07 y 1,79 millones de años, mucho antes de las estimaciones previas.

La relación entre el Homo erectus y el fuego acaba de generar un nuevo capítulo en su historia. Un equipo formado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y de la Universidad de Toronto ha encontrado evidencias de que estos homininos utilizaron llamas de forma repetida en la cueva de Wonderwerk, en Sudáfrica, entre hace 1,07 y 1,79 millones de años. Este nuevo dato modifica la cronología aceptada hasta ahora y sitúa este comportamiento en una etapa mucho más antigua del Pleistoceno temprano.
Los resultados, publicados en la revista Plos One, no indican que el Homo erectus supiera generar fuego desde cero. Lo que muestran es que aquellos grupos eran capaces de recogerlo del entorno, transportarlo hasta un espacio protegido y mantenerlo activo durante un tiempo. La investigación también incorpora una nueva metodología basada en luminiscencia que permite identificar restos quemados sin dañar los fósiles, una herramienta que podría utilizarse para revisar otros yacimientos prehistóricos.
El Homo erectus y el fuego: una cronología más antigua
Hasta ahora, las pruebas más conocidas del uso del fuego en Wonderwerk procedían del denominado estrato 10 del yacimiento, con una antigüedad aproximada de un millón de años. El nuevo trabajo se ha centrado en el estrato 11, una capa más antigua cuya datación oscila entre 1,07 y 1,79 millones de años.
Jacqueline (@JacquelineSmall) w/ details on the mind-blowing news from South Africa's Wonderwerk Cave:
— Universe Unveiled (@UniUnveiledIFNP) June 8, 2026
New evidence shows early humans were using and controlling fire inside the cave as far back as 1.8 million years ago.
Burned small mammal bones found deep inside alongside pic.twitter.com/71yAzN6yHE
El análisis revela que la presencia de fuego no respondió a un episodio aislado. Los investigadores localizaron señales de combustión en diferentes niveles estratigráficos separados por decenas de miles de años. Esa repetición temporal sugiere que el aprovechamiento del fuego formaba parte de unas prácticas ya conocidas por aquellos grupos humanos y no de acontecimientos excepcionales Todo apunta a que fueron los propios homininos quienes introdujeron elementos encendidos dentro de la cueva.
“El fuego no fue un fenómeno puntual porque aparece en distintos niveles estratigráficos, separados por decenas de miles de años, lo que refuerza la idea de que ya sabían transportar y mantener el fuego en espacios protegidos”, explica la investigadora del MNCN Yolanda Fernández-Jalvo.
La importancia de las egagrópilas para entender cómo mantenían las llamas
Los científicos analizaron huesos de micromamíferos procedentes de egagrópilas, es decir, acumulaciones regurgitadas por aves rapaces tras la digestión de sus presas. Los estudios tafonómicos habían documentado la presencia continuada de rapaces en Wonderwerk desde hace cerca de dos millones de años. De hecho, actualmente estas aves todavía utilizan la cueva. Esa actividad generó una superficie rica en huesos, pelo y materia orgánica que cubría el suelo del refugio.

Según la interpretación del equipo, ese conjunto de materiales pudo favorecer la conservación del fuego. Su comportamiento sería similar al de una alfombra de lana: la combustión permanece localizada en el lugar donde se deposita la brasa y no se propaga rápidamente. De este modo, el Homo erectus habría logrado mantener encendidos pequeños focos obtenidos a partir de incendios naturales.
En las zonas más antiguas estudiadas, correspondientes al estrato 11, determinadas áreas presentaban un dato llamativo: el 100 % de los fósiles analizados mostraba evidencias claras de haber estado expuestos a altas temperaturas. “Se trata de un fuego muy sutil que hemos identificado en los huesos de micromamíferos”, ha explicado Fernández-Jalvo.
“Este contexto, que elimina la ambigüedad que a veces presentan los restos de huesos que han servido como alimento, apunta a un uso oportunista del fuego, probablemente traído desde el exterior y mantenido dentro de la cueva hasta que se extingue”, ha añadido Michael Chazan, investigador de la Universidad de Toronto.
Un método no invasivo que abre nuevas vías de investigación
Más allá del valor histórico del hallazgo, el estudio incorpora una técnica destinada a mejorar el análisis arqueológico de yacimientos muy antiguos. El protocolo se basa en las propiedades de luminiscencia de los huesos quemados y permite detectar la acción del fuego sin alterar las piezas. En restos modernos, la iluminación con luz ultravioleta facilita distinguir entre huesos quemados y no quemados. Sin embargo, cuando se trabaja con fósiles, la luz negra puede generar falsos positivos. Por ello, los autores desarrollaron un sistema específico para discriminar ambos procesos.
Wonderwerk Mağarası'nda bulunan kemikler, 1,79 milyon yıl önce insan atalarının ateş kullandığını ortaya koyuyorhttps://t.co/41WP6DObrD pic.twitter.com/vBzf4RH4zk
— BilgiSizsiniz (@BilgiSizsiniz3) June 9, 2026
“La metodología que hemos desarrollado nos permite distinguir fósiles quemados de aquellos que han sufrido alteraciones químicas durante la fosilización, como la fluoridación o depósitos de manganeso, que pueden imitar visualmente los efectos del fuego. Hemos mejorado la resolución con la que podemos identificar fósiles quemados en contextos muy antiguos”, ha comentado Fernández-Jalvo.
El procedimiento fue validado mediante su comparación con la espectroscopía infrarroja por transformada de Fourier (FTIR), una técnica ampliamente utilizada en arqueología. Además, presenta ventajas prácticas: es rápida, no destruye los restos y puede aplicarse sobre grandes conjuntos de materiales.
Pese a la relevancia del descubrimiento, el estudio de la cueva sudafricana de Wonderwerk todavía no ha proporcionado pruebas de que el Homo erectus supiera producir fuego o cocinar alimentos. Aun así, determinar cuándo comenzó a utilizarlo resulta esencial para comprender los cambios biológicos y culturales asociados al género Homo.
Como resume Liora K. Horwitz, codirectora del proyecto junto a Chazan: “Nuestros hallazgos empujan hacia atrás la cronología del fuego asociado a los homininos y aportan una base metodológica sólida para futuras investigaciones”.
Referencia de la noticia
Museo Nacional de Ciencias Naturales / Universidad de Toronto. Y. Fernández-Jalvo. (2026) "New Evidence for Early Pleistocene use of fire at Wonderwerk Cave (South Africa)". PlosOne DOI: 10.1371/journal.pone.0347480