Del 'feed' al destino: los riesgos de planificar tus vacaciones basándote en la foto perfecta de redes sociales
Encontrar una playa desierta, un pueblo de cuento o una cala de aguas turquesas para las vacaciones haciendo ‘scroll’ puede ocultar masificación, precios prohibitivos, dificultades de acceso y una realidad muy distinta a la imaginada al observar la pantalla.

A veces, una fotografía puede ser suficiente para decidir un destino vacacional. Basta con que aparezca en el momento adecuado del ‘feed’: una playa de arenas doradas aparentemente desierta, un coqueto restaurante escondido en un pueblo perdido, una piscina natural con cascadas y aguas cristalinas.... Unos segundos después, el viajero ya está imaginando sus próximas vacaciones.
Las redes sociales se han convertido en una fuente de inspiración turística de primer orden. Instagram, TikTok, YouTube y otras plataformas permiten descubrir lugares que hace apenas unos años resultaban prácticamente desconocidos para el gran público. Pero también han cambiado la forma de decidir dónde viajar, aunque no cuenten lo que cabe encontrar cuando llegamos. Porque el problema aparece cuando la simple fotografía sustituye a la información.
Una revisión sistemática publicada en PASOS. Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, que analizó 41 investigaciones sobre redes sociales y elección de destinos, confirma que estas plataformas influyen en las decisiones de los viajeros a través de factores como la imagen del destino, la calidad del contenido, las recomendaciones y el llamado boca a boca electrónico.
La foto no es el destino
El primer riesgo de organizar un viaje a partir de una imagen viral es bastante sencillo: una fotografía solo muestra una fracción de la realidad.
La imagen puede haber sido tomada al amanecer, en temporada baja o después de esperar varios minutos para conseguir que nadie aparezca en el encuadre. Puede estar editada, utilizar filtros o haber sido seleccionada entre decenas de fotografías tomadas desde diferentes ángulos.

Incluso cuando no existe manipulación digital, la perspectiva puede engañar. Una cala que parece aislada puede estar junto a un aparcamiento; una calle medieval aparentemente tranquila puede convertirse en un hervidero de turistas durante el día; y una piscina natural que ocupa toda la pantalla puede ser, en realidad, un pequeño espacio al que llegan cientos de personas cada jornada. El viajero compra entonces una expectativa y se encuentra con otra experiencia.
El algoritmo también decide por nosotros
Hay otro elemento menos visible: el algoritmo. Las redes sociales no muestran necesariamente los destinos que mejor encajan con nuestras necesidades, sino aquellos contenidos con mayor capacidad para captar nuestra atención. Una fotografía espectacular genera interacción, y esa interacción aumenta las posibilidades de que vuelva a aparecer ante otros usuarios.
Un estudio publicado en 2024 analizó más de 27.000 publicaciones de Instagram relacionadas con destinos turísticos y comprobó que las fotografías centradas en lugares de interés obtenían aproximadamente el doble de interacción que las dedicadas a servicios de alojamiento u hostelería. Las imágenes que incluían personas también generaban mayor participación.
El resultado es una especie de círculo: vemos lo que provoca más reacciones, reaccionamos ante ello y el algoritmo nos muestra todavía más contenido parecido. Así, después de pasar unos minutos haciendo ‘scroll’, un destino puede parecer mucho más atractivo, exclusivo o imprescindible de lo que realmente es.
Cuando el "lugar secreto" deja de ser secreto
Las redes sociales pueden convertir rápidamente un lugar desconocido en un destino turístico masificado. Una cascada, una playa, un mirador o una pequeña localidad pueden pasar de recibir unos pocos visitantes a convertirse en un punto habitual de las rutas turísticas.

La paradoja es evidente: cuanto más buscamos lugares «secretos» o «poco conocidos», más contribuimos a hacerlos conocidos.
UNESCO ha advertido de los efectos del sobreturismo en destinos como Venecia o Barcelona, donde la concentración excesiva de visitantes puede provocar congestión, deterioro de ecosistemas, aumento de los precios de la vivienda y desplazamiento de residentes. El organismo también señala que algunos lugares terminan siendo contemplados principalmente por aquello que resulta atractivo para publicar en Instagram.
Cómo evitar que Instagram organice tus vacaciones
Las redes sociales pueden ser una magnífica herramienta para descubrir destinos, siempre que no sean la única fuente de información. Una buena estrategia consiste en utilizar el ‘feed’ como punto de partida y después contrastar lo que hemos visto. Consultar la web oficial del destino, mapas, información sobre transporte, meteorología, horarios, precios, restricciones y opiniones de otros viajeros permite transformar una inspiración visual en un verdadero plan de viaje.
También ayuda buscar deliberadamente fotografías recientes y de diferentes épocas del año. Si todas las imágenes muestran exactamente la misma perspectiva, conviene preguntarse qué queda fuera del encuadre.
Y hay una última comprobación especialmente importante: buscar el lugar, no solo la fotografía. Puede que la imagen perfecta sea realmente espectacular. Pero las vacaciones no se viven dentro de un rectángulo de 9:16. Se viven caminando, esperando, comiendo, desplazándose, compartiendo espacio con otros visitantes y descubriendo cosas que no estaban previstas.
Referencia de la noticia
Azevedo-Ferreira, M. & Moraes Zouain, D. (2024). Factores de influencia de las redes sociales en la elección de destinos turísticos: revisión sistemática.