Jardines de lluvia: qué son y cómo ayudan a evitar inundaciones en las ciudades
Las ciudades buscan formas de combatir las inundaciones provocadas por lluvias torrenciales. Así es cómo los jardines de lluvia, pequeñas zonas verdes diseñadas para captar el agua, alivian la presión sobre los desagües y reducen el riesgo de inundaciones urbanas.

Tradicionalmente, la gestión de la lluvia en las ciudades se hace a través de una compleja red de alcantarillas, colectores y desagües. El problema aparece cuando las precipitaciones son demasiado intensas y el agua llega a las tuberías más rápido de lo que estas son capaces de evacuarla. Sin embargo, en este escenario la naturaleza también puede convertirse en parte de la solución.
Concretamente, los llamados jardines de lluvia, una de las herramientas de infraestructura verde que están ganando protagonismo en la lucha contra las inundaciones urbanas. Se trata de pequeñas depresiones ajardinadas, construidas con diferentes capas de suelo, arena, grava y vegetación, que reciben el agua procedente de tejados, calles o superficies pavimentadas y permiten que se infiltre progresivamente en el terreno.
Esta claro no pretenden sustituir a las alcantarillas, pero su función puede ser complementaria: retener parte del agua de lluvia para que no llegue de golpe a la red de drenaje.
¿Cómo funciona un jardín de lluvia?
El mecanismo es sencillo. Durante un episodio de precipitaciones, el agua se dirige hacia una zona ligeramente hundida donde las plantas y el sustrato ralentizan su circulación. Una parte se infiltra en el suelo, otra puede quedar temporalmente almacenada y el excedente continúa su recorrido hacia el sistema de drenaje.
Otra estrategia para mitigar las inundaciones son los jardines de lluvia que muestra un ejemplo en la siguiente figura (Fuente: Sustainable Design Network) pic.twitter.com/rSyqK1N8pF
— Arturo Gleason E (@arturogleasone) June 30, 2025
Además de reducir el volumen de escorrentía, este proceso permite filtrar determinados contaminantes que el agua arrastra cuando circula por carreteras y otras superficies impermeables. También puede contribuir a recargar las aguas subterráneas y crear pequeños espacios de biodiversidad dentro de la ciudad.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) considera que esta infraestructura verde puede reducir la escorrentía, almacenar temporalmente el agua y evitar que los sistemas de drenaje se vean desbordados, lo que resulta útil en aquellas ciudades en las que las lluvias intensas pueden ejercer una presión creciente sobre las infraestructuras urbanas.
Ottawa pone a prueba los jardines de lluvia
Una investigación reciente de la Universidad Carleton (Ottawa, Canadá), publicada en The Conversation, ofrece un ejemplo concreto de hasta dónde puede llegar esta solución. El escenario del estudio fue el barrio de Crystal Beach después de que la capital canadiense recibiera 167 l/m² de lluvia en apenas cinco horas durante un episodio que las autoridades locales calificasen como "extraordinario", con cerca de 5.800 avisos por inundaciones de sótanos.

Durante tres años, los investigadores habían desarrollado un modelo informático del barrio y aprovecharon el episodio real de lluvia para comparar diferentes escenarios: sin jardines de lluvia, con instalaciones en parcelas privadas, con jardines junto a las calles y con ambas soluciones combinadas.
Los resultados muestran que la ubicación puede ser incluso más importante que la superficie ocupada.
- Sin jardines, el agua llegó a cubrir 8,4 hectáreas del barrio, aproximadamente el 12 % de Crystal Beach.
- Los jardines situados exclusivamente en parcelas privadas redujeron la superficie inundada hasta 6,2 hectáreas.
- Cuando se colocaron junto a las calles, en las zonas por las que el agua tiende naturalmente a desplazarse cuesta abajo, la superficie inundada cayó hasta unas dos hectáreas.
- La combinación de ambas estrategias consiguió reducirla hasta 1,2 hectáreas, un 86 % menos que en el escenario original. La profundidad máxima del agua también disminuyó, desde aproximadamente 1,5 metros hasta algo más de un metro.
Menos agua y menos velocidad
Uno de los resultados más llamativos está relacionado con la peligrosidad de las inundaciones. El modelo consideró especialmente preocupante el agua que circulaba a más de 0,6 metros por segundo, una velocidad capaz de derribar a una persona o desplazar un vehículo.
Así se planifican ya las aceras, con jardines de lluvia asociados, en Canadá:#JardínesDeLluvia #UrbanismoSostenible #InfraestructuraVerde #GestiónDelAgua. pic.twitter.com/7ncOSQRJQe
— Los Árboles Mágicos ️, (by Oscar Gaitan) (@arboles_magicos) August 1, 2020
En el escenario sin jardines, 1.095 metros cuadrados alcanzaban ese nivel de peligrosidad. Los jardines privados redujeron la superficie en torno a una quinta parte, mientras que los instalados junto a las calles consiguieron llevarla a cero en el momento de mayor inundación.
Cuando se combinaron ambos tipos de jardines, además, el volumen total de escorrentía disminuyó un 80 % y el caudal máximo que soportaba la red de tuberías se redujo casi a la mitad.
Una solución a tener muy en cuenta, pero no milagrosa
Los investigadores subrayan que los jardines de lluvia no eliminan por completo el riesgo de inundación. Incluso con ambas estrategias, una zona equivalente a más de dos campos de fútbol continuó bajo el agua durante el episodio extremo.
Tampoco todos los resultados pueden trasladarse automáticamente a cualquier ciudad. Las características del suelo, la pendiente, la intensidad de las precipitaciones y el diseño de la red de drenaje condicionan su eficacia.
Por eso, el futuro de la gestión sostenible del agua de lluvia no parece estar en elegir entre tuberías o naturaleza, sino en combinar ambas. Las infraestructuras típicas siguen siendo necesarias para transportar el agua, pero los jardines de lluvia pueden conseguir que una parte importante de ella ni siquiera llegue a la red al mismo tiempo.
Referencia de la noticia
Jennifer Drake y Ali Zoghi. (2026). How cities can use rain gardens to help prevent flooding.