Las 6 actividades humanas que pueden causar terremotos, según el Instituto de Geociencias español (CSIC-UCM)
No siempre los terremotos tienen un origen natural. Determinadas actividades humanas también pueden alterar el equilibrio de las fallas y desencadenar sismicidad inducida. El Instituto de Geociencias del CSIC explica seis procesos capaces de modificar las condiciones del subsuelo terrestre.

Solemos asociar los terremotos al movimiento de las placas tectónicas y a la liberación repentina de energía acumulada en las fallas geológicas. Ese el mecanismo responsable de la inmensa mayoría de los grandes seísmos que se producen en el planeta. Pero existe otra posibilidad, menos conocida: la actividad humana también puede modificar las condiciones del subsuelo y desencadenar terremotos.
Es lo que los especialistas denominan sismicidad inducida. Eso no significa que el ser humano pueda provocar un terremoto desde cero en cualquier lugar, sino que determinadas intervenciones pueden alterar las presiones, tensiones o condiciones físicas de una zona que ya presenta estructuras geológicas susceptibles de movimiento.
Las actividades humanas que pueden generar terremotos
El Instituto de Geociencias español (IGEO), un centro dependiente de la Agencia Estatal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Complutense de Madrid, ha recordado esta relación a través de sus canales divulgativos. Entre los procesos antrópicos relacionados con la sismicidad inducida, la propia investigación identifica la explotación de acuíferos y reservorios geológicos, la construcción de embalses y determinadas actividades mineras.
Construcción y llenado de grandes embalses
Una de las formas más conocidas de sismicidad inducida por el ser humano está relacionada con las grandes presas.
¿Sabías que algunas actividades humanas pueden provocar terremotos?
— IGEO (CSIC-UCM) (@IGeociencias) September 10, 2026
Se conoce como sismicidad inducida a los terremotos relacionados con actividades humanas que modifican los esfuerzos o la presión de fluidos en el subsuelo.#sismicidad #sismicidadinducida pic.twitter.com/k1MtIiuXI8
Cuando un embalse comienza a llenarse, millones de toneladas de agua ejercen un peso adicional sobre el terreno. Además, el agua puede infiltrarse a través de fracturas y modificar la presión de los fluidos en el subsuelo. En determinadas condiciones, estos cambios pueden alterar el equilibrio de una falla y favorecer que se produzca un movimiento.
El fenómeno está documentado científicamente y forma parte de los riesgos que el IGEO considera al estudiar grandes infraestructuras hidráulicas.
Extracción de petróleo y gas
La extracción de hidrocarburos también puede modificar las condiciones mecánicas del subsuelo. Al retirar grandes cantidades de petróleo o gas de un reservorio se producen cambios de presión que pueden afectar a las rocas y a las fallas próximas.

En este apartado se incluye también el conocido como fracking (o fracturación hidráulica), una técnica para extraer gas natural y petróleo del subsuelo mediante la inyección a alta presión de agua, arena y productos químicos en rocas compactas
El IGEO incluye expresamente los reservorios de gas y petróleo entre los sistemas geológicos en los que pueden producirse fenómenos como subsidencia y sismicidad inducida.
Inyección de fluidos bajo tierra
El proceso inverso también puede provocar movimientos sísmicos. Introducir agua, gas, CO₂ u otros fluidos a presión en formaciones profundas modifica la presión de los poros de las rocas.
El Proyecto Castor no solo causó más de 500 terremotos y mucho miedo, sino también un enorme coste económico. En 2014, el gobierno español suspendió el proyecto, indemnizando a la empresa concesionaria con 1.350 millones de euros.
— NextGenTechnology (@NextGenTechX) September 5, 2024
¿Lo más sorprendente? Este coste fue pic.twitter.com/HdUXEBcu19
Si el fluido alcanza una falla sometida ya a tensiones, puede reducir la fricción que mantiene sus superficies bloqueadas y favorecer un desplazamiento.
Uno de los ejemplos españoles más conocidos fue el proyecto Castor, relacionado con el almacenamiento subterráneo de gas frente a las costas de Castellón y Tarragona. La inyección de gas estuvo acompañada en 2013 por una intensa secuencia sísmica, objeto posteriormente de numerosos estudios científicos.
Explotaciones mineras y canteras
La minería modifica de manera directa el equilibrio del terreno. La excavación de grandes volúmenes de roca, la construcción de galerías, la retirada de materiales o los cambios en el nivel de las aguas subterráneas pueden alterar las tensiones existentes.

El resultado puede ser la aparición de pequeños terremotos o movimientos del terreno. El riesgo depende de las características geológicas de cada explotación y de la relación entre las excavaciones y las estructuras tectónicas existentes.
Extracción intensiva de agua subterránea
Extraer grandes cantidades de agua de los acuíferos tampoco es una actividad sísmicamente neutra. Al reducirse la presión del agua en determinadas formaciones pueden producirse cambios en el estado de esfuerzos de las rocas y fenómenos de deformación.

Por eso, el IGME-CSIC incluye específicamente la explotación de acuíferos entre los procesos de origen humano que pueden estar relacionados con subsidencia y sismicidad inducida.
Energía geotérmica
La energía geotérmica aprovecha el calor del interior de la Tierra mediante la circulación de fluidos en profundidad. En algunos sistemas es necesario inyectar agua para estimular la circulación a través de las rocas.
Esta modificación de las presiones puede generar pequeños movimientos sísmicos, especialmente en determinados proyectos de geotermia profunda. El fenómeno no significa que la energía geotérmica provoque necesariamente terremotos peligrosos, sino que determinadas técnicas deben diseñarse y monitorizarse teniendo en cuenta la sismicidad inducida.
La mayoría no son grandes terremotos
La existencia de estos mecanismos requiere una precisión importante: que una actividad humana pueda inducir sismicidad no significa que vaya a provocar un terremoto destructivo. La magnitud y las consecuencias dependen de factores como la profundidad, la geometría de las fallas, las tensiones acumuladas y la vulnerabilidad de la zona.
La importancia de estudiar la sismicidad inducida está, por tanto, en anticiparse al riesgo. Conocer cómo determinadas actividades modifican el subsuelo permite un mejor diseño de las infraestructuras, establecer sistemas de vigilancia sísmica y detectar cambios antes de que puedan convertirse en un problema mayor.
Referencia de la noticia
Foulger, G. R., Wilson, M. P., Gluyas, J. G., Julian, B. R. & Davies, R. J. (2018). Global review of human-induced earthquakes.