Por qué los mosquitos pican más a unas personas que a otras: así es el sistema sensorial del animal más letal del mundo

Hay una serie de factores que explican cómo encuentran los mosquitos a las personas y por qué algunos reciben muchas más picaduras: analizamos lo que dice la ciencia.

Las picaduras de los mosquitos dependen de una combinación de olor corporal, CO₂, calor y características individuales.
Las picaduras de los mosquitos dependen de una combinación de olor corporal, CO₂, calor y características individuales.

Cada verano, los mosquitos vuelven a convertirse en uno de los insectos más molestos. Sin embargo, su impacto va mucho más allá de las molestias habituales. Son el animal que provoca más muertes entre los seres humanos por la transmisión de enfermedades. Sólo la malaria causa más de 600.000 fallecimientos al año, una cifra muy superior a las cerca de 100.000 muertes atribuidas a mordeduras de serpientes.

Durante los últimos años, distintos estudios han permitido conocer con mayor detalle cómo estos insectos encuentran a sus víctimas. Ese conocimiento también ayuda a responder una pregunta habitual: por qué unas personas sufren muchas más picaduras que otras. La explicación está relacionada con varios estímulos que el mosquito analiza antes de alimentarse.

Mosquitos y picaduras: por qué necesitan sangre

De las más de 3.700 especies de mosquitos identificadas, únicamente unas 200 pican a los seres humanos. Esto representa alrededor del 6% del total. La mayoría aprovecha cualquier fuente de sangre disponible, mientras que sólo unas pocas especies muestran una preferencia clara por las personas.

Las responsables de las picaduras son las hembras fecundadas. La sangre no forma parte de su alimentación diaria, pero aporta las proteínas necesarias para producir los huevos. Los machos, por el contrario, sobreviven alimentándose de jugos vegetales y nunca pican.

Entre los grupos con mayor importancia sanitaria destacan las especies Culex, Aedes y Anopheles. El mosquito común pertenece al primero, mientras que el mosquito tigre y Aedes aegypti transmiten enfermedades como el dengue, la zika, la fiebre amarilla y el chikunguña. Los Anopheles son los principales transmisores de la malaria.

Cómo encuentran los mosquitos a las personas

El primer rastro que detectan los mosquitos es el dióxido de carbono que expulsamos al respirar. Mediante unos receptores situados en los palpos maxilares pueden seguir pequeñas variaciones de este gas, incluso cuando la diferencia apenas alcanza el 0,01%. Algunas investigaciones sitúan ese alcance entre 10 y 50 metros.

El sistema sensorial de los mosquitos explica por qué algunas personas atraen muchas más picaduras que otras durante el verano.
El sistema sensorial de los mosquitos explica por qué algunas personas atraen muchas más picaduras que otras durante el verano.

Pero el CO₂, por sí solo, no basta para localizar a una persona. Los mosquitos también utilizan la vista, el calor y otros estímulos para descartar fuentes que no les interesan, como el CO₂ que expulsan los vehículos de combustión o el humos de las chimeneas. Ese conjunto total de señales es el que dirige su vuelo hasta el posible huésped.

Cuando reducen la distancia, el olor corporal gana importancia. La piel libera más de 500 compuestos volátiles diferentes y los mosquitos reconocen varios de ellos. A menos de 20 centímetros también perciben el calor y la humedad de la piel, mientras que a unos tres centímetros verifican el objetivo mediante los receptores de sus patas antes de picar.

El olor corporal marca la diferencia

Cada persona posee una combinación de olores propia. Esa firma química depende en buena parte de la microbiota de la piel y de la genética. Incluso distintas zonas del cuerpo presentan aromas diferentes. Un ejemplo conocido es el interés de algunos mosquitos por el olor de los pies.

La influencia genética resulta importante. Algunos trabajos apuntan a que hasta el 85% del atractivo para los mosquitos podría estar relacionado con la herencia. Entre los compuestos que parecen aumentar ese interés figura el ácido láctico, que el organismo elimina a través de la piel.

También existen investigaciones sobre el grupo sanguíneo. Diversos resultados sugieren una preferencia por las personas con grupo 0, aunque las conclusiones siguen siendo contradictorias. Por tanto, ese posible efecto todavía continúa siendo objeto de estudio.

Actividad física, embarazo y cerveza: los factores que aumentan las picaduras

El ejercicio modifica varios de los estímulos que utilizan los mosquitos. Al practicar un deporte aumenta la producción de dióxido de carbono, la temperatura corporal y la sudoración, tres señales que facilitan la localización del huésped.

Las mujeres embarazadas también suelen recibir más picaduras. Según los datos disponibles, durante el embarazo exhalan un 21% más de CO₂, una circunstancia que coincide con un incremento del número de ataques registrados por estos insectos.

De las más de 3.700 especies de mosquitos conocidas, apenas unas 200 se alimentan de sangre humana. La mayoría recurre a otros animales como fuente habitual de alimento.
De las más de 3.700 especies de mosquitos conocidas, apenas unas 200 se alimentan de sangre humana. La mayoría recurre a otros animales como fuente habitual de alimento.

Algunos hábitos también aparecen relacionados con una mayor atracción. Un estudio realizado durante un festival en Países Bajos observó que aquellas personas que habían consumido cerveza resultaban un 44% más atractivas para los mosquitos.

El mismo trabajo señaló un incremento del 35% entre consumidores de cannabis y del 46% entre quienes habían dormido acompañados la noche anterior. Los investigadores reconocen que todavía se desconoce el mecanismo responsable de estas diferencias y consideran que queda mucho por investigar sobre la influencia de los hábitos y del olor corporal.

Referencia de la noticia

Jaleesa Houle 1, Austin Lopez 1, Floris van Breugel. Wind history shapes olfactory search response in free flying Drosophila melanogaster.